Romina Naranjo – Marcado Por La Venganza
Los ojos azules de Sebastian recorrieron a Elizabeth de arriba abajo. Lo primero que pensó, es que estaba cambiada. Quiso ordenarle a su mente que buscara signos del paso de la edad, del encierro y el tedio en aquel rostro, pero le resultó imposible. El semblante de ella parecía tan puro como el último día que lo había contemplado, bajo la sombrilla para protegerse de los rayos de sol que incidían sobre la superficie calma del río. Su cuerpo sí había experimentado cambios. Ahora, Elizabeth Berkly era una mujer. La conciencia de ese hecho le perturbó. A ella también estaba resultándole complicado recordar cómo respirar con propiedad. Sebastian tenía los hombros anchos y las piernas largas y torneadas. El pelo oscuro, recogido pero peinado sin fijador, le daba aspecto de pirata, y aquella mirada… no encontró ningún atisbo del brillo inocente de antaño, pero algo en la forma en que entrecerraba los ojos, estudiándola, la hizo arder en llamas por dentro. Marcado Por La Venganza
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