Mary Jo Putney – Lores Perdidos 06 – Una Esposa Singular
Ella lo miró a la cara, una cara que le había parecido muy normal cuando lo conoció. Pero, cuanto más lo conocía, más atractivos le parecían sus inteligentes ojos grises, las arrugas de tanto sonreír y la discreta competencia que irradiaba.
Aquel rincón debajo de los árboles era muy íntimo. Lo suficiente para un beso. Sin decir nada, se inclinó hacia delante y le rozó los labios. Sabía a helado de violeta, a amabilidad y a deseo contenido.
Él contuvo el aliento y luego le devolvió el beso, y Violet supo que su vida se había abierto a nuevos caminos que jamás había soñado.
Adoraba los helados y había muchas posibilidades de que también acabara adorando a ese hombre.





